Acerca de los efectos negativos del estrés sobre nuestro ADN y una forma sencilla de minimizarlos

En un artículo aparecido en la revista Nature de este mes, científicos de la Universidad de Duke, Estados Unidos, explican el mecanismo por el cual el estrés al que está sometido una persona gatilla una serie de efectos que terminan por dañar nuestro código genético (ADN). Esos daños se pueden traducir, entre otras cosas, en la formación de tumores, la despigmentación del cabello (aparecimiento de canas), la creación de espermios con fallas genéticas, y otros problemas. Hasta ahora se tenían nociones de los efectos adversos que el estrés provocaba en nuestro cuerpo. Hoy, con ese artículo, lo sabemos a ciencia cierta.

Esto no pasaría de ser uno más de los hallazgos que permanentemente se producen en las diversas disciplinas científicas si no fuera porque el estrés nos afecta directamente: es uno de los “males de nuestros días”. Prácticamente a diario estamos sometidos a cambios, exigencias y desafíos físicos en intelectuales en los diversos ámbitos de nuestras vidas: la familia, el trabajo, las relaciones sociales, etc. Cuando estas situaciones que nos demandan un esfuerzo extra a lo que estamos acostumbrados o del que somos capaces se mantienen en el tiempo, se convierten en problemas para la salud física y mental.

En Chile, según datos del Ministerio de Salud, un 8,8% de la población refiere una sensación de estrés permanente, y un 62% de la población refiere haber estado expuesta a situaciones estresantes durante el último año.

De hecho, basta con circular un rato por nuestras calles para darnos cuenta de que en general la gente anda irritable, no conversa con otros en la vía pública, reclaman a bocinazos o gritos ante la menor situación que los moleste, no respetan el espacio de los demás, etc.

Si tú has sentido últimamente que andas irritable, que te enojas con mayor facilidad que lo habitual; que tienes la boca y la garganta secas; que te cuesta concentrarte o que te quedas “pegado” en situaciones que antes no te habrían parecido problemáticas; si te asustas fácilmente con cualquier ruido no habitual; si aprietas mucho los dientes al dormir o durante el día; si no logras quedarte sentado durante unos minutos en un lugar, o que tienes un exceso o falta de apetito, hay una gran probabilidad de que te encuentres dentro del porcentaje de chilenos que están viviendo actualmente una situación de estrés.

La buena noticia es que tenemos una solución a nuestro alcance: la bicicleta.

AmsterdamPor todos es conocido que la actividad física es una de las herramientas que no puede faltar en cualquier tratamiento que se diseñe para disminuir los niveles de estrés en las personas. Esto se debe a que al realizar una actividad física se producen “endorfinas” (llamadas también “hormonas del bienestar”) que son liberadas y distribuidas al sistema nervioso central. Las endorfinas tienen el efecto directo de producir en la persona una mejora en el ánimo y de servir como control del estrés.

Andar en bicicleta puede ser más beneficioso (en términos de mejorar el estado anímico) que otras formas de actividad física pues, a diferencia de caminar y trotar, incorpora tanto actividad aeróbica como anaeróbica de forma natural: al mover los músculos de las piernas con el pedaleo se producen efectos aeróbicos, mientras que el afirmarse y tirar o sostener el peso en el manubrio induce efectos anaeróbicos. Si bien se menciona frecuentemente en la literatura científica que son los efectos aeróbicos los que tienen mejores beneficios psicológicos, recientemente se ha encontrado también que la actividad anaeróbica tiene efectos positivos sobre el estado de ánimo de las personas.

Por lo tanto, es la combinación de ambos efectos en una única actividad la que resalta los beneficios de andar en bicicleta por sobre otras formas de actividad física.

Entonces, si andas en bicicleta puedes disfrutar de los efectos positivos que se van generando en tu ánimo y actitud, al mismo tiempo que previenes otras enfermedades cardiovasculares y el deterioro cognitivo.

Pero eso no es todo. Cuando andas de mejor ánimo, puedes disfrutar de tu entorno, de la relación con las demás personas y de los pequeños detalles que van ocurriendo a tu alrededor mientras pedaleas. Eso genera un círculo virtuoso, pues al darte tiempo para disfrutar de esas cosas cotidianas estás al mismo tiempo mejorando tu estado de ánimo, y así sucesivamente.

Y para eso no necesitas entregarle al pedaleo “tiempo extra” dentro de tu rutina diaria. Basta con que empieces a moverte en bici para trasladarte a los lugares a los que vas habitualmente (ir al almacén de tu barrio, a visitar amigos, al banco, etc.) y sentirás sus beneficiosos efectos casi de inmediato.

¡Muy pronto no querrás bajarte de ella mientras te trasladas sonriente por la ciudad!

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El uso de la bicicleta como herramienta de promoción de la Salud Mental en Chile.

En las últimas semanas ha estado presente en los medios nacionales la iniciativa ciudadana que logró que se retirara del Congreso un Proyecto de Ley presentado por un grupo de diputados, en el que se restringía la circulación de las bicicletas a las ciclovías y, en caso de que estas no existieran, a las veredas. Además de lograr que ese proyecto no prosperara, se logró la conformación de una mesa de trabajo entre las municipalidades y la ciudadanía, para abordar con mayor amplitud el tema del uso de la bicicleta como medio de transporte en nuestro país.

Es en ese contexto que quisiera aportar a la discusión con una mirada desde la salud mental en general, y desde la psicología en particular.

¿Qué es la Salud Mental?

La Organización Mundial de la Salud describe la Salud Mental como un “estado de bienestar en el cual el individuo se da cuenta de sus propias aptitudes, puede afrontar las presiones normales de la vida, puede trabajar productiva y fructíferamente y es capaz de hacer una contribución a su comunidad”.

Eso significa que la salud mental es la base para el bienestar y funcionamiento efectivo de un individuo y una comunidad.

Siguiendo esa misma lógica, podemos ver que la definición se aleja de las concepciones biologicistas tradicionales y se acerca mas bien a una mirada en la quela Salud Mentalestá determinada por muchos factores de interacción social, psicológica y biológica. Por lo tanto, los problemas mentales, sociales y de conducta interactúan en forma tal que intensifican sus efectos sobre la conducta y el bienestar de las personas y las comunidades.

Del mismo modo, la salud mental de cada persona puede verse afectada por factores y experiencias individuales, por la interacción social, por las estructuras y recursos de la sociedad, y por los valores culturales, y a su vez, la salud mental de cada persona afecta a la vida de cada uno de estos dominios y por lo tanto, a la salud de una comunidad o población. (Lehtinen et al., 1997).

En consecuencia, la promoción de la salud mental se realiza mediante actividades principalmente sociopolíticas e intersectoriales, y los actores claves en la promoción de la salud mental son los políticos, los educadores, las organizaciones no gubernamentales y la comunidad organizada.

La Salud Mental en Chile.

En el año 2002, un estudio mostró que un 36% de la población chilena mayor de 15 años, había tenido un desorden psiquiátrico a lo largo de su vida, mientras que un 22,6% había tenido un desorden en los últimos 6 meses. Los riesgos mayores serían, para mujeres, trastornos depresivos, ansiosos y estrés postraumático y, en hombres, dependencia de alcohol y drogas, trastornos depresivos y ansiosos. (Vicente et al., 2002). Asimismo,la EncuestaNacionalde Salud 2009-2010 indica dentro de los problemas de salud con mayor prevalencia, independiente de la edad, la presencia de sintomatología depresiva (17,2%). Además, señala que una proporción importante de la población está expuesta a determinantes psicológicos adversos que la ponen en mayor riesgo de adquirir o evolucionar no satisfactoriamente frente al tratamiento de enfermedades crónicas (sensación de desconfianza y hostilidad, 5%; percepción de estrés permanente, 8.8%; sensación de tener poco control sobre su propia vida, 12,2%; haber estado expuesto a eventos vitales estresantes durante el último año, 62%; bajos niveles de apoyo social emocional y material, 37,1%; etc.). (Ministerio de Salud, 2002).

Teniendo presente la tendencia creciente de la prevalencia de trastornos mentales en la población chilena, en el año 2000 el gobierno de la época diseñó el Plan Nacional de Salud Mental, poniendo especial énfasis en la promoción de estilos de vidas saludables como modo de prevención de los problemas y enfermedades de Salud Mental. En los datos anteriores podemos observar los números a casi una década de implementado dicho plan nacional.

La conclusión es que Chile tiene una de las más altas frecuencias de trastornos mentales.  De acuerdo al Ministerio de Salud: “De cada 10 chilenos que alguien conoce 4 presentarán un trastorno de salud mental durante su vida. Tres lo han presentado en los últimos seis meses”.

¿Qué relación tiene esto con el uso de la bicicleta?

En los últimos años ha crecido el interés por estudiar la relación entre la actividad física y la salud mental. En particular, ha sido de gran interés para los investigadores de todo el mundo el poder establecer los beneficios que se producen con la actividad física en los trastornos del ánimo, como la depresión y la ansiedad, que son precisamente los que aparecen dentro de las principales prevalencias en salud pública en Chile.

Es así como diversos estudios han demostrado que existe una relación positiva entre la actividad física y el alivio de los síntomas de depresión y ansiedad (Ross y Hayes, 1988; Stephens, 1988). También se ha demostrado que un programa de entrenamiento físico es igual de efectivo que los medicamentos antidepresivos para mejorar la depresión mayor (Blumenthal et al., 1999). Además, existe evidencia clara que indica que las personas cuyo tratamiento ha sido la actividad física presentan una tasa de recaída significativamente menor que las personas que han sido tratadas únicamente con fármacos antidepresivos (Blumenthal et al., 2000).

Además,  existe un gran cúmulo de investigaciones que demuestran que las mejoras en el rendimiento del sistema cardiovascular (producidas al realizar actividad física) están asociadas a mejoras en el funcionamiento cognitivo de las personas, incluyendo la función motora, la memoria, la atención y la velocidad de funcionamiento general de este sistema y sirve como prevención del deterioro cognitivo (CITA: (Kramer, Hahn et al., 1999; Colcombe y Kramer, 2003; Angevaren y Aufdemkampe et al., 2008). Esto es relevante si tenemos presente que en Chile el 10,4% de la población presenta deterioro cognitivo significativo a partir de los 60 años.

¿Y qué tiene de especial la bicicleta? Aunque aún se necesitan más investigaciones concluyentes, se puede sugerir de forma clara que andar en bicicleta puede ser más beneficioso (en términos de mejorar el ánimo) que otras formas de actividad física. Una posible razón para decir esto es que andar en bicicleta, a diferencia de caminar, incorpora tanto actividad aeróbica y anaeróbica de forma natural: al mover los músculos de las  piernas con el pedaleo se producen efectos aeróbicos, mientras que el afirmarse y tirar o sostener el peso en el manubrio induce efectos anaeróbicos. Si bien los efectos aeróbicos han sido asociados en la literatura científica a los efectos antidepresivos de la actividad física, investigaciones recientes sugieren que los efectos anaeróbicos también inciden de forma positiva sobre el estado de ánimo. Por lo tanto, es la combinación de los efectos en una única actividad la que resalta los beneficios de andar en bicicleta por sobre otras formas de actividad física.

Además, los beneficios de andar en bicicleta están relacionados también con que esta actividad se realiza en estando expuesto a la luz natural. El efecto negativo de las luces artificiales ha sido estudiado, especialmente en relación a los trastornos del ánimo estacionales, y se ha demostrado que el ejercicio es más efectivo cuando se realiza al aire libre.

Conclusión

La prevalencia de trastornos mentales (depresión y ansiedad) en Chile es realmente preocupante. Esta tendencia pareciera no mejorar, y cada año se invierten millones de pesos en el sistema de Salud Pública para programas que aborden estas patologías (la depresión es patología AUGE) y en los fármacos asociados a dichos programas de tratamiento. Sin embargo, poco se ha hecho por incluir e investigar formas alternativas, de bajo costo y alto impacto para abordar dicha problemática. Como se ha mostrado en este escrito, la actividad física, y en particular la bicicleta, tiene un tremendo potencial para ser utilizado como una intervención efectiva en la salud mental  población chilena. Además, sus alcances no solo se extienden en ese ámbito, sino también a la salud general, puesto que las prevalencias allí también son altamente preocupantes: por nombrar algunas, el 39,3% de la población tiene sobrepeso; el 88,6% realiza menos de 30 minutos 3 veces a la semana de actividad física en su tiempo libre; el 15,5% presenta un riesgo alto de enfermedad cardiovascular.

Además, es de suma importancia señalar que andar en bicicleta no es sólo un deporte o actividad física, sino también un medio de transporte y, por ende, se incorpora en la base de las actividades diarias sin requerir un tiempo extra o libre. Esto contribuye a llevar un modo de vida más saludable y alegre a través de una actividad cotidiana, favoreciendo además en las personas un modo de relación más saludable y funcional con su entorno. Esto, a su vez, genera un impacto que se extiende no solo a  nivel de salud pública, sino también a niveles más amplios como son las políticas de medios de transporte, urbanismo, etc.

Amsterdam

¿Más claro? Echarle agua.

Palabras finales

Basta con una “dosis” de bicicleta de aproximadamente media hora con intensidad moderada cuatro veces a la semana para disfrutar de los beneficios en la salud física y mental. De hecho, según el Departamento de Salud de Australia, ni siquiera es necesario que se esa media hora sea de corrido, sino que puede ser en tandas de diez minutos.

Así que no lo pienses más y muévete en bici hoy, será un buen día.

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Acerca de la importancia de que un psicólogo esté “acreditado” y “colegiado”

En varias ocasiones he conversado con distintos colegas acerca de la necesidad de obtener la Acreditación como Psicólogo Clínico Especialista en Psicoterapia y de estar colegiado en el Colegio de Psicólogos de Chile A.G. En esas conversaciones es habitual que se desconozca por completo cuáles fueron las causas que llevaron a otros colegas hace casi 30 años a reunirse y generar las instancias en las cuales surgieron los requisitos para colegiarse y acreditarse como Especialista en Psicoterapia. Dicho desconocimiento me motiva a resumir los antecedentes históricos de dichas certificaciones profesionales* y de plantear un par de comentarios al respecto, con el fin de que más colegas cuenten con la información necesaria al momento de tomar la determinación de someterse o no al juicio de sus pares para acreditar sus competencias. Como siempre, los comentarios son bienvenidos.

A partir del año 1982 en Chile se inicia un proceso de crecimiento de la cantidad de programas de formación en psicología, que tiene como consecuencia que de dos programas existentes durante casi cuatro décadas (la Carrera de Psicología de de la Universidad de Chile, formada en 1946, y el de la Universidad Católica, formado en 1955), hoy tengamos cerca de 147 (en 42 universidades, al año 2009). Es en ese contexto de explosivo aumento de carreras de psicología que empieza a surgir en la comunidad de psicólogos la duda y desconfianza acerca de la calidad de los nuevos proyectos. Como resultado el Colegio de Psicólogos A.G. y la Sociedad Chilena de Psicología Clínica ponen en marcha iniciativas que buscan el resguardo de la idoneidad profesional de los psicólogos en general y de aquellos con práctica clínica, respectivamente.

Fruto de esas iniciativas, en el año 1995 se dicta el reglamento de la Comisión Nacional de Acreditación de Psicólogos Clínicos, y en 1999 se generan los estándares mínimos para la colegiatura, formulados por la orden gremial. Ambos procesos corresponden a sistemas de certificación o habilitación individual (Psicólogos Clínicos e ingreso al Colegio de Psicólogos A.G.):

  • Comisión Nacional de Acreditación de Psicólogos Clínicos Especialistas en Psicoterapia.

En enero de 1992, motivados por la creciente preocupación por el incremento del número de egresados de Psicología que ejercen como psicoterapeutas sin la debida preparación, se reúnen representantes de la Sociedad Chilena de Psicología Clínica, del Colegio de Psicólogos A.G., del ámbito académico, junto a profesionales connotados del medio nacional. Bajo el acuerdo de que no cualquier psicólogo puede hacer psicoterapia y que la formación de Pregrado (que otorga el título de Psicólogo) es insuficiente para ello, se inicia un trabajo que duraría tres años, cuyo resultado fue la aprobación de un reglamento definitivo que convoca a la Comisión Nacional de Acreditación de Psicólogos Clínicos (que actúa bajo el amparo jurídico del Colegio de Psicólogos de Chile A.G.).

Para acceder a la acreditación como Psicólogo Clínico Especialista en Psicoterapia, cada candidato debe demostrar ante la Comisión el cumplimiento de ciertas exigencias: a) mínimo de horas de formación teórica y práctica así como de atención de pacientes; b) horas mínimas de reflexión y análisis crítico de la psicoterapia bajo supervisión clínica con un psicólogo clínico previamente Acreditado como Supervisor; c) una monografía escrita (o la presentación de dos casos clínicos con correlato teórico); y d) un trabajo de revisión y autoconocimiento personal a través de la forma de una psicoterapia individual o grupal. Así mismo, el postulante no debe haber sido objeto de sanción por las comisiones de ética del Colegio de Psicólogos A.G. o de la Sociedad Chilena de Psicología Clínica.

  • Las exigencias del Colegio de Psicólogos para incorporar miembros.

Luego de que la Psicología Clínica como especialidad lograra establecer ciertos resguardos, durante el año 1998 el Colegio de Psicólogos toma la iniciativa de convocar a representantes de las distintas escuelas de Psicología de universidades autónomas (las universidades tradicionales y las derivadas de ellas) a esa fecha, con la finalidad de elaborar en conjunto los criterios mínimos que deberían cumplir esos programas de formación, con el fin de resguardar la calidad de la formación de Pregrado y así, el prestigio de la profesión y la fé pública depositada en ella. Posteriormente, dichos criterios se transformarían en las exigencias para el ingreso al Colegio de la orden. De esta manera, pasa a ser un mecanismo indirecto de acreditación profesional.

El documento final reúne las “exigencias mínimas en la formación del Psicólogo” y los “requisitos generales de la Carrera de Psicología”, en el que se definen objetivos, contenidos generales y asignaturas obligatorias y electivas para tres áreas: formación básica, formación general en Psicología y formación profesional en Psicología.

En cuanto a los requisitos generales que debe cumplir la carrera, varios de ellos establecen estándares cuantitativos, como exigencia mínima de 500 puntos en la Prueba de Aptitud Académica, cinco años de estudio con 4000 horas presenciales mínimas, más una práctica profesional de 350 horas cronológicas.

Estas exigencias fueron establecidas como requisito para la colegiatura, de modo que los egresados de instituciones que no los cumplieran no pudieran incorporarse al Colegio. En los últimos años el Colegio ha iniciado un proceso de revisión y evaluación de los criterios, tarea que ha asignado a una comisión técnica.

COMENTARIO:

Lamentablemente, los Colegios profesionales chilenos perdieron su condición de entidades de derecho público en 1981, en el marco de las modificaciones legales del gobierno militar para la “Refundación del Estado”. Entre otras modificaciones, los Colegios pasaron a denominarse “Asociaciones Gremiales”, la colegiatura dejó de ser obligatoria y se perdió la tuición ética sobre el ejercicio de la profesión. Recién en el año 2009, a finales del Gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet, se envió el Proyecto de Ley Boletín Nº 6562-07 Sobre Colegios Profesionales, fundamentando que:

“[…] se requiere de Colegios Profesionales fuertes e independientes, que ofrezcan servicios a la sociedad y a los colegiados, que les permita garantizar efectivamente, el recto ejercicio de las profesiones. Asimismo, se requiere de Tribunales Especiales de Ética que controlen el comportamiento ético de los profesionales no colegiados, para que no existan profesionales fuera de la jurisdicción ética”.

En el mencionado Proyecto de Ley sobre Colegios profesionales, se les devuelve a éstos la personalidad jurídica de derecho público, establece un régimen de tuición ética para los/las colegiados/as y tribunales especiales para los/las no colegiados/as, la creación de un Registro Público de Profesionales efectuado por el Servicio de Registro Civil e Identificación cuya inscripción será requisito para el ejercicio legal de la profesión, se mantiene como voluntaria la afiliación al Colegio Profesional, el incumplimiento de Código de ética permite sanciones según la gravedad de la falta (amonestación, censura, multa, suspensión y cancelación del registro). Es relevante señalar que la cancelación del registro implica la inhabilidad permanente y definitiva para el ejercicio de la profesión.

El Proyecto de Ley ingresó a tramitación bajo la figura de “suma urgencia”. Sin embargo, a pesar de la evidente importancia y necesidad de devolver a los Colegios Profesionales las facultades anuladas durante la dictadura militar, en la actualidad se encuentra “sin urgencia” y en la etapa de Primer Trámite Constitucional y en la Sub-Etapa de Primer informe de Comisión de Constitución, Legislación y Justicia.

En términos concretos, eso significa que un psicólogo titulado no está obligado a colegiarse ni a acreditarse como Especialista en Psicoterapia (en caso de que quisiera dedicarse a dicha especialidad), lo cual se ve reflejado directamente en un bajo interés por colegiarse (del total de titulados al año 2009, tan solo el 18% estaba colegiado), y que el ejercicio de la profesión no puede ser vetado por el Colegio de la orden incluso en casos de conocimiento público en los que algunos colegas han cometido graves faltas a la ética.

Sin embargo, si lo vemos en términos positivos, el “colegiarse y acreditarse” puede ser precisamente tomado como una muestra de interés y responsabilidad por parte del psicólogo de someter al juicio de sus pares el cumplimiento de las exigencias mínimas establecidas en su formación, en un contexto en el cual ese proceso no es obligatorio, y de responder al imperativo ético de responder a la sociedad con un ejercicio profesional responsable, confiable y competente.

Es por esa razón que yo sí estoy “colegiado” y “acreditado”.

*[Los datos históricos de este texto son una versión resumida y actualizada del artículo "Acreditación de psicólogos y carreras de psicología en Chile" de Juan Pablo Toro y Gonzalo Miranda, publicado en Volúmen III del libro "Problemas centrales para la formación académica y el entrenamiento profesional del psicólogo en las Américas" de Villegas, Marassi y Toro (2002), complementados por datos obtenidos del libro "La psicología en Chile" de Alfonso Luco (2010) y del artículo "Realidad laboral de la psicología en chile y la v región: ¿libre mercado o dignidad humana?" de Cristian Venegas Ahumada]
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¿Qué cosas concretas puedo hacer para estar preparado en caso de que ocurra un terremoto?

Chile es un país que ha sido y seguirá siendo afectado por sismos. Eso se debe a que el territorio chileno se encuentra en el llamado “Cinturón de Fuego del Pacífico” o “Anillo de Fuego del Pacífico”, que se extiende por 40.000 kilómetros, tiene 452 volcanes y concentra más del 75% de los volcanes activos e inactivos del mundo.

Anillo de Fuego del Pacífico. Fuente: BBC.

Alrededor del 90% de los terremotos del mundo y el 80% de los terremotos más grandes del mundo se han producido a lo largo de este “cinturón de fuego” que bordea la cuenca del Pacífico, y Chile cuenta a su haber con el más grande del que se tenga registro: el terremoto de Valdivia del 22 de mayo de 1960, que alcanzó 9.5° en la escala de magnitud de momento y XI-XII en la escala de Mercali.

Como ya mencioné, ese no ha sido el único evento sísmico importante en el país ni se trata de un hecho aislado. Tan solo en lo que llevamos recorrido del Siglo XXI, por nombrar los más importantes en magnitud, tenemos los terremotos del 18 de abril de 2002 (6,3 Richter, 30 Km al sur de Copiapó), del 14 de noviembre de 2007 (7,7 Richter en Tocopilla) y el del 27 de febrero de 2010 (8,8 Richter, en las regiones del Maule y Bío-Bío).

Aún así, la educación e información que se entrega en Chile acerca de las medidas de prevención y preparación ante este tipo de eventos es prácticamente nula. En las escuelas y colegios esta preparación se limita a realizar simulacros de evacuación (Plan Francisca Cooper, antes llamado Operación “Deyse”, que es un acrónimo para “De Evacuación y Seguridad Escolar”) y en las universidades y lugares de trabajo ni siquiera eso. Tan solo los recuerdan y ponen en práctica después de alguna tragedia importante y luego son olvidados rápidamente. Y que decir de la población general. No existen campañas públicas que le permitan conocer a cada chileno cómo estar preparado ante la eventualidad de un terremoto. Es cierto que no es posible predecir la ocurrencia o la magnitud de uno de estos eventos, pero si se conocen los lugares del planeta donde es más probable que ocurran, y Chile es uno de ellos.

Por ello es fundamental informar a la población con medidas y consejos concretos para mitigar en parte los posibles impactos de un terremoto, y que cada uno de nosotros se haga responsable de tomar las medidas necesarias para satisfacer algunas necesidades básicas en caso de ser afectado.

¿Qué pasos básicos puedo tomar para estar preparado ante un terremoto?*

Durante un desastre mayor, puede tomar varios días la restauración de los servicios de primera necesidad. Imagine que usted no cuenta con electricidad, gas, agua ni servicios telefónicos. Imagine que todos los negocios están cerrados y que usted no cuenta con servicio de emergencia alguno. ¿Qué haría mientras llega la ayuda?

1) Plan de Respuesta. Puesto que los servicios generales, de urgencia y comunicaciones pueden estar cortados, es necesario que piense que las primeras 72 horas deberá ser capaz de resolver sus propias necesidades sin esos servicios.

  • Designe a una persona de contacto fuera de su lugar de residencia. Proporcione a esta persona los nombres e información de contacto de las personas a las que quiere mantener informadas de su situación. Dé instrucciones a los miembros de su familia para que llamen a esta persona y le digan dónde están. El servicio telefónico de larga distancia a menudo es restaurado más pronto que el servicio local.
  • Duplique los documentos importantes y guarde copias fuera de su casa, ya sea en una caja de seguridad o con alguien en quien usted confíe. Los documentos pueden incluir: RUT, pasaporte, licencia de conducir, testamento, escrituras, estados financieros, certificado de matrimonio, información de seguros y recetas.
  • Haga un inventario de objetos valiosos, por escrito y con fotografías o video.
  • Haga un plan para su casa o familia. Involucre a todas las personas clave en la planificación.
  • Prepare una mochila o bolso para casos de desastre. Planee tener provisiones para usted y su familia por al menos 72 horas (3 días) después de un desastre.
  • Mientras esté planificando, considere las necesidades especiales de niños y personas de edad avanzada o personas con discapacidades, y sus mascotas.

Hable con su familia acerca de los desastres potenciales que pudieran ocurrir y por qué usted necesita prepararlos para eso. Involucrar a cada miembro de su familia en el proceso de planificación ayudará a reducir su ansiedad, al mostrarles que hay pasos sencillos que pueden darse para aumentar su seguridad.

  • Asegúrese de que todos sepan dónde encontrar su mochila o bolso para casos de desastre.
  • Guarde una linterna y un par de zapatos abajo de la cama por si hay un terremoto durante la noche. Use una bolsa de plástico atada a una pata de la cama para evitar que estos objetos se muevan durante el terremoto.
  • Planeen en dónde encontrarse después de un desastre, en caso de que su hogar no sea seguro. Escojan dos lugares, uno justo afuera de su casa y otro afuera del vecindario, en caso de que se les pida que evacuen.
  • Determinen las mejores rutas de escape de su hogar. Traten de identificar dos rutas de escape.
  • Asegúrese de que cada miembro de la familia sepa quién es el contacto fuera del estado de su familia y déles instrucciones para que llamen a esta persona y le digan dónde están.
  • Localice el interruptor principal del gas y otros servicios para asegurarse de que los miembros de la familia sepan cuándo y cómo apagarlas.
  • Practique sus rutas de evacuación.
  • Confeccione tarjetas de identificación y contactos para cada miembro de su familia.

2) Tenga siempre preparada una mochila o bolso para casos de desastre. Sirve para usarse en el caso de una evacuación. Asegúrese de que su mochila o bolso sea fácil de llevar y que tenga una etiqueta de identificación. Prepare una para cada miembro de la familia. Si es posible, prepare una en su casa, en el trabajo y en su vehículo. Incluya lo siguiente:

  • Un poco de agua, comida y un abrelatas manual.
  • Linterna.
  • Radio a pilas o dínamo.
  • Pilas.
  • Silbato.
  • Medicamentos y recetas personales.
  • Copias de las llaves de su casa y vehículo.
  • Botiquín básico de Primeros Auxilios e instrucciones de uso.
  • Zapatos cómodos para caminar, y ropa abrigada y para lluvia y un gorro.
  • Anteojos de receta adicionales, dispositivo auditivo u otros artículos personales vitales.
  • Papel de higiénico, bolsas de plástico, y otras provisiones higiénicas.
  • Máscara para el polvo.
  • Papel, plumones y cinta adhesiva para dejar mensajes.
  • Dinero en efectivo.
  • Copias de tarjetas de seguros y de identificación.
  • Cualquier artículo de necesidades especiales para los niños, y para personas de edad avanzada o personas con discapacidades. No olvide provisiones para sus mascotas.

Como mencionaba en un escrito anterior, las emergencias, desastres y catástrofes forman parte de nuestras vidas y de la realidad de nuestro país y cuanto mejor preparados estemos para enfrentarlas, menores serán las consecuencias e impacto de dichos eventos a nivel individual y colectivo.

Involúcrese e involucre a su familia en la planificación de un protocolo básico de respuesta a un terremoto. Siguiendo estos sencillos pasos puede mitigar en gran parte las necesidades básicas suyas y de su grupo familiar en una situación de desastre.

*Estas sugerencias informativas tienen como fuente la página web de la alcaldía de la ciudad de San Francisco, EEUU. Si desea acceder a información con más detalle acerca de la planificación preventiva de la respuesta ante un terremoto, visite el sitio www.72hours.org/espanol/
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A un año del terremoto de febrero de 2010: fases de un desastre y reacciones esperables en la población ante el primer aniversario

Durante el año 2010 Chile sufrió diversas situaciones de emergencia, catástrofe y desastres. Por nombrar algunos, en febrero se vivió un terremoto que alcanzó una magnitud de 8,8 MW (U.S. Geological Survey, 2010) que afectó a las regiones de Valparaíso, Metropolitana de Santiago, O’Higgins, Maule, Biobío y La Araucanía, que acumulan una población de más de 13 millones de habitantes, alcanzando en las regiones del Maule y el Biobío una intensidad de IX en la escala de Mercalli. Posteriormente un fuerte tsunami impactó las costas chilenas, devastando varias localidades ya destruidas por el terremoto. En agosto, un derrumbe en la mina San José (yacimiento ubicado 30 km al noroeste de la ciudad de Copiapó) dejó atrapados por 70 días a 33 mineros a unos 700 metros de profundidad, y en diciembre 81 reos fallecieron víctimas de un incendio en la Torre 5 de la Cárcel de San Miguel en Santiago (Servicio Médico Legal, 2010). Como se puede apreciar en el siguiente gráfico, esta tendencia se debería mantener, e incluso aumentar, pues las estimaciones indican que los desastres naturales podrían aumentar su frecuencia producto del cambio climático, y que el crecimiento poblacional, la urbanización y la pobreza podrían aumentar nuestra vulnerabilidad.

Desastres naturales a nivel global (1980-2008). Fuente: C. Peña, 2010.

Si pensamos que de las 10 principales causas de discapacidad en todo el mundo, cuatro son trastornos mentales (O.M.S y O.P.S., 2007), es preocupante constatar que la salud mental es uno de los sectores al que se dedican menos recursos dentro de la atención de salud. Son pocos los países que satisfacen sus necesidades clínicas en materia de salud mental en épocas normales, y mucho menos en emergencias, desastres y catástrofes. Además, los servicios clínicos de salud mental existentes suelen ser parte de hospitales en grandes ciudades y, por lo general, son inaccesibles al resto de la población (Comité Permanente entre Organismos (IASC), 2007).

Estas situaciones de emergencia, desastres o catástrofes, crean muy diversos problemas en el plano del individuo, de la familia, de la comunidad y de la sociedad. En cada uno de esos niveles, las emergencias erosionan los apoyos de protección de la persona, acrecientan los riesgos de que aparezcan numerosos tipos de dificultades y tienden a agravar los problemas existentes de injusticia social y desigualdad (Comité Permanente entre Organismos (IASC), 2007). Así, los diversos niveles en que afectan a la persona y su entorno social pueden ser entendidos al analizar las fases de un desastre, y las respuestas emocionales esperables en la población en cada una de ellas.

Fases de un Desastre

Zunih y Myers (2000; en Ursano et al, 2008), plantean que existe una progresión general de los efectos de los desastres y las reacciones de la comunidad afectada. Esta progresión se divide en las siguientes fases:

  • Fase Pre-Desastre: El grado en que las comunidades pueden ser alertadas acerca de la ocurrencia de un desastre depende del tipo de desastre del que se trate. Un terremoto no puede ser avisado con anterioridad, mientras que los huracanes o inundaciones ocurren con varias horas o días de aviso. Cuando los desastres no son previsibles, los sobrevivientes suelen sentirse más vulnerables, desprotegidos y atemorizados de eventuales eventos futuros. La percepción de no tener control sobre los eventos y la protección que pueden darse a sí mismos o a sus seres queridos puede ser profundamente estresante.
  • Fase de Impacto: El impacto de un desastre puede variar de una progresión en aumento (como una inundación) al resultado violento y destructivo de una gran explosión. Mientras mayores sean el alcance, la destrucción y las pérdidas personales asociadas al desastre, mayores serán los efectos psicosociales en las personas.
    Ante un mismo incidente las reacciones de las personas pueden ser muy diversas, aunque en  general se espera que respondan inicialmente presentando confusión y la sensación de no dar crédito a lo que acaban de vivir. Además se espera que inicialmente se enfoquen en la sobrevivencia y bienestar físico de sí mismos y sus seres queridos.
  • Fase Heroica: Ante las repercusiones inmediatas del desastre, las tareas de sobrevivencia, rescate de otras personas y de prevención de la salud son prioritarias. Por ello puede ser necesaria la evacuación de personas a albergues o refugios. En algunas personas se pueden observar conductas de rescate o ayuda “desinteresada” o “heroica”. El altruismo se puede presentar tanto en los sobrevivientes como en los rescatistas.
  • Fase de la “Luna de Miel”: en las semanas y meses posteriores a un desastre, la ayuda gubernamental y voluntaria suele estar disponible para la comunidad afectada. Se estrechan los lazos en la comunidad como resultado de “haber vivido una misma situación catastrófica” y de dar (y recibir) ayuda y apoyo a los afectados. Los afectados pueden sentir una sensación de optimismo acerca de que la ayuda que reciben se mantendrá y que les permitirá “volver a la normalidad”.
  • Fase de Desilusión: con el paso del tiempo las personas inician un proceso de recuento y revisión, en el cual se empiezan a hacer visibles las limitaciones de la ayuda disponible. Aumenta el cansancio físico debido a múltiples tareas efectuadas, a las presiones financieras y el stress que produce el tener que abandonar el lugar de residencia o vivir en un lugar que ha sufrido daños considerables. El optimismo que las personas vivieron inicialmente da paso al desaliento y la fatiga. Mientras aumenta la cantidad de organizaciones y voluntarios que se retiran del lugar del desastre, los sobrevivientes suelen sentir que están siendo abandonados. Aumenta la presencia de estresores, como problemas familiares, pérdidas financieras, molestias producidas por la burocracia, limitaciones de tiempo, reconstrucción de sus viviendas o reacomodación y la falta de tiempo para recreación y descanso. El resto de la comunidad que fue impactada en menor medida por el desastre ha vuelto a sus actividades habituales, lo cual suele ser tremendamente desalentador y alienante para los sobrevivientes.
  • Fase de reconstrucción: la reconstrucción de los bienes materiales y la recuperación de la sensación de bienestar emocional puede continuar varios años después del desastre. Los afectados se han dado cuenta de que tienen que resolver por sí mismos las dificultades asociadas a la reconstrucción de sus casas, sus negocios y sus vidas, y gradualmente asumen esa responsabilidad. En ese proceso de reconstrucción se hace presente el reconocimiento de un nuevo nivel de pérdida, pues los afectados deben integrar la necesidad de ajuste a un nuevo medio o situación mientras siguen viviendo el duelo por lo perdido. Cuando las personas logran elaborar un nuevo significado y visualizar las oportunidades de crecimiento a pesar del dolor y las pérdidas, se puede decir que van en camino a la recuperación. Aunque los desastres pueden tener como consecuencia pérdidas que generan cambios importantes en las vidas de las personas, también pueden entregar la posibilidad de reconocer las fortalezas de las personas y de reevaluar las prioridades en sus vidas.

Las personas y comunidades atraviesan estas fases en diferentes ritmos y tiempos, dependiendo del tipo de desastre y del grado y naturaleza de la exposición al mismo. Esta progresión no es necesariamente lineal o secuencial, pues cada persona y comunidad utiliza medios y herramientas propias en el proceso de recuperación. Las variables individuales como la resiliencia psicológica, el apoyo social y los recursos financieros, influencian la capacidad de un sobreviviente para circular entre las distintas fases. Así mismo, fechas importantes como los aniversarios de la tragedia se entienden como eventos importantes en esta progresión, provocando impactos importantes a nivel emocional como se puede observar en el siguiente gráfico:

Nivel de bienestar emocional en las distintas fases de un desastre. Fuente: Ursano et al, 2008.

Por lo mismo, este modelo no debe entenderse como una secuencia rígida de eventos, sino como un mero marco de referencia para entender los fenómenos individuales y colectivos frente a una emergencia, desastre o catástrofe.

A un año del terremoto: reacciones esperables.

Día a día estamos expuestos a diversas cosas que pueden suceder. Algunas buenas y otras no tanto. Por lo mismo, es esperable que en fechas significativas (como aniversarios de un desastre) las personas estén más pendientes de los riesgos y vulnerabilidades ante una sensación como la vivida con anterioridad. En esa sensación de vulnerabilidad los medios de comunicación social juegan un rol lamentablemente importante, pues suelen realizar programas especiales en los cuales repiten imágenes impactantes y dolorosas (privilegiándolas ante información de ayuda y educación para las personas), lo cual no hace sino producir en muchas personas la reexperimentación de la situación vivida.

Por lo mismo, es esperable que las personas vuelvan a sentir alteraciones emocionales y cognitivas similares a las vividas inmediatamente después del terremoto (habitualmente con una menor intensidad). Sin embargo, hay que tener en cuenta que eso no significa que las personas “hayan quedado con un trauma” o con “un problema psicológico”. Es simplemente una manifestación normal ante una fecha que recuerda la situación vivida hace un año. Y tal como ocurrió después del terremoto, esas alteraciones irán desapareciendo gradualmente, sin la necesidad de psicoterapia o apoyo farmacológico (sin embargo, es importante tener también en cuenta que si dichas alteraciones afectan de forma importante la calidad de vida de la persona y no se experimenta una disminución gradual en su intensidad, es necesario que la persona acuda a un profesional de la salud mental).

A modo de recomendación, se sugiere que si la persona vivió con mucha intensidad el terremoto de febrero del año pasado, evite exponerse innecesariamente a las imágenes que seguramente se transmitirán a través de los medios de comunicación. En vez de eso, recuerde que la mejor forma de aminorar los posibles efectos de un terremoto, es estar preparado para actuar ante un nuevo evento. Para ello, puede elaborar respuestas para las siguientes preguntas:

¿Sabe que puede  suceder? (No es posible conocer con anticipación la ocurrencia de eventos como los terremotos, pero si sabemos que Chile es un país con alta actividad sísmica. Por lo mismo,  tenemos que tener presente que siempre estamos expuestos a la probabilidad de que ocurran. ¿Qué otros desastres o catástrofes pueden ocurrir en nuestro país?).

¿Cómo sabrá cuando esto suceda? (¿Cuáles son los signos o señales a los que tiene que estar atento?)

¿Qué debe hacer –y no hacer- cuando esto suceda? (Tenga presente que no es lo mismo estar en su casa que en su lugar de trabajo o en un lugar público. Elabore planes de acción para los lugares donde pasa mayor cantidad de tiempo. Así sabrá qué hacer, como responder y aminorará los efectos del evento sobre su vida).

Las emergencias, desastres y catástrofes forman parte de nuestras vidas y de la realidad de nuestro país. Cuanto mejor preparados estemos para enfrentarlas, menores serán las consecuencias e impacto de dichos eventos a nivel individual y colectivo.

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